Reproductor de Música Bolonviana

27 de julio de 2015

Anexo Ortográfico

En Bolonvia existe una partícula que se añade al final de un palabra para evitar añadir otras más.
Esa partícula es -ingas (p.ej.: Hacer estudiaringas en lugar de decir Pasar tres horas "estudiando").

Reglas para su uso adecuado:

  • Toda palabra acabada en -ingas ha de ir precedida del verbo hacer, seguido o no de artículos o preposiciones.
  • Si va precedida por cualquier otro verbo, éste ha de ir seguido de un conjunto de palabras (las más frecuentes son preposiciones y artículos). P.ej.: Veamos unas capitulingas de la serie.
  • No existe -ingos, aunque en algunos casos se use para evitar que suene mal.
  • Las reglas de -ingas no se suelen utilizar, ya que es una expresión de origen popular y cada cual la emplea a su manera.
Ejemplos:
  • Copiar: Hacer copiaringas.
  • Saltar: Hacer saltaringas.
  • Comer: Hacer comidingas.
  • Reciclar: Hacer unas reciclaringas.
  • Escribir: Hacer escrituringas/escribaringas.
  • Premiar: Dar una premiaringas,
  • Insultar: Decir una insultaringas.
  • Llamar: Hacer una llamadingas.
  • Correr: Hacer corriendingas.

Las palabras acabadas en -ío/-ía tienen una regla: se reemplaza la terminación por -ido/-ida (p.ej.:peluquería-peluquerida). Pero hay dos excepciones: 1.-Si la palabra es bisílaba no se realiza el cambio (p.ej.:vía-vida). 2.-Si una palabra bisílaba, al reemplazar la terminación, no forma otra nueva, si que se puede hacer el cambio (p.ej.:lío-lido).

Las palabras que acaban en -l se les puede añadir la terminación -oide (p.ej.:funeral-funeraloide, árbol-arboloide, baúl-bauloide, zarzal-zarzaloide).

20 de julio de 2015

Deportes bolonvianos

Los bolonvianos son apasionados del deporte, por lo cual crearon las O.O.B.B (Olimpiadas Bolonvianas). Pero hay un sector de ciudadanos (cerca del 38,5%), que son vagos, así que crearon los siguientes deportes:

  • Sillon-ball: se basa en lanzarle una pelota desde el sofá al que está sentado en el sofá de enfrente.
  • Slafin Competition: consiste en ver que participante aguanta más tiempo seguido durmiendo sin despertar. Los ronquidos se recompensan con puntos extra.
  • Calentamientos: es tan simple como sentarse en una silla y ver con un termómetro cuál de los dos participantes la calienta más en 10 minutos.
  • Tiro de caña: consiste en servir cañas y beberlas a la máxima velocidad posible.
Pero los otros bolonvianos, los no vagos, decidieron crear deportes en los que te cansaras, y estos son:

  • Patxi: es el deporte preferido de toda Bolonvia. Lo retransmiten a menudo por la televisión. Hay dos versiones:
    • Patxi normal: se juega con una pelota de plástico verde. El objetivo del deportista es lanzarla de una patada lo más lejos posible, a la vez que grita "¡PAAATXIIII!" con todas sus fuerzas.
    • Patxi escolar o académico: se juega en zonas con menos espacio. El campo está formado por dos rectángulos, uno para cada equipo. Entre los rectángulos hay un espacio de 3 metros. Los jugadores, sin salirse de su campo (rectángulo), han de lanzar una pelota como la descrita anteriormente (dentro de las aulas se juega con pelotas de papel). Si la pelota cae fuera del rectángulo (tierra de nadie) tira el equipo contrario. Si cae en el rectángulo del contrario se le considera "Patxi", y vale 2 puntos. En cambio, si antes de que la pelota toque el suelo es tocada por un jugador, se considera "Mini-patxi", y vale 1 punto. Los equipos son de dos o tres miembros.
  • Tirada de farola: cada uno de los participantes se monta en su tractor. El terreno en el que se juega es un campo, con dos filas de 1.000 farolas dispuestas en línea recta. Los jugadores han de ir derribando las farolas montados en sus vehículos. El primero en tirarlas todas gana.
  • Lucha esclava: consiste en zurrarse en un ring de 4x4 con porras, cuchillos y mazas de tres kg. El vencedor, para poder recibir ese nombre, ha de derribar a su oponente y lanzar a las gradas una de las armas que éste portase.
En las O.O.B.B. se practican estos deportes y alguno más que no ha sido mencionado en esta lista, a parte de los deportes conocidos por todo el mundo: football, basket, waterpolo, esgrima, volley, tenis... (en Bolonvia son furbol, basker, warterpulo, esgroma, pinfley y tenís, respectivamente).

9 de julio de 2015

HISTORIAS BOLONVIANAS: El gallo que no sabía planear

   Había una vez, en la granja Hatherley de Craft-City un gallo, llamado Kikiriqui Cocoroco. Había sido proclamado por los animales el mayor pringado de la historia, y eso se debe a que perdió una apuesta, que es la que se narra a continuación.

-¿Quién de vosotros se atreve a desafiarme? -preguntó el periquito Agapito.
-¿De qué se trata? -quiso saber el gallo Kikiriqui.
-Te propongo el siguiente desafío: vénceme en una carrera volando por los lindes de la granja. Si me ganas, te daré mi comida de pájaro durante una semana.
-¿Y si pierdo? -dijo Kikiriqui.
-De ser así, tendrás que repetir la carrera todos los días hasta que me ganes.
-Trato hecho -dijo el gallo, convencido de que era capaz de ganar. Así fue como se enteró de que no podía volar.
-¡En sus puestos!¡Listos!¡Va! -anunció el perro, Manolo.
   A la señal, periquito y gallo saltaron desde el tejado del granero. El periquito comenzó a volar alrededor de la granja. En cambio, el gallo cayó directo contra el suelo mientras agitaba fuertemente las alas intentando mantenerse en pie.
-¡Aaaaaahhh! -chilló Kikiriqui-. ¿Cómo no me dijisteis que no podía volar?
-Porque es mucho más divertido verte todos los días del año saltar desde el tejado -le respondió el periquito Agapito.
-¿Qué has dicho?
-No recuerdas la apuesta: si perdías tendrías que repetir la carrera todos los días hasta que me ganases. Y como no lo vas a conseguir, te veremos saltar del tejado y chocarte contra el suelo todos los días.

   Al día siguiente, el periquito y el gallo repitieron la carrera. El primero completó el circuito con toda la calma del mundo. Pero el segundo, fracasó estrepitosamente, al igual que el día anterior. Siguieron así durante tres semana, hasta que, de tanto reírse al ver caer al gallo, el periquito murió.
   Poco después, el granjero enterró al periquito en un fosa, desconcertado, ya que no sabía de qué había muerto su mascota.
   Tras el ritual funerario, el gallo fue hasta la diminuta tumba y depositó sobre ella la comida del periquito, y luego, subió al tejado y saltó desde allí sobre la tumba del animal.

De aquí proviene la expresión bolonviana "Y voló, y quiso volar, y yo volé con él, y nos estrellamos los dos porque no sabía planear", que fue lo que empezaron a decir los animales al ver caer al gallo.

7 de julio de 2015

HISTORIAS BOLONVIANAS: La historia de Míguel Eustaquio

   Míguel Eustaquio era un anciano que habitaba en Bolonvia, concretamente en la capital. Cuando era joven, se ató un bloque de cemento a la mano con una cadena. Luego, entró en un centro comercial y comenzó a golpear con el bloque a todo aquel que veía. Tras este incidente, ingresó en el manicomio de Craft-City.
   Desde el día que entró, comenzó a intentar fugarse, una vez al día, pero nunca lo consiguió. Con el tiempo, su trastorno empeoró, y acabó llevando boina, bigote postizo y gafas de sol, y se volvió violento y asocial. Mas aún, cuando tenía 82 años, siguió intentando fugarse.
-¡Todos al comedor! -anunciaron los celadores por los altavoces.
   Míguel se dirigía al comedor, apoyado en su viejo bastón. Pero, de pronto, otros dos locos pasaron a su lado, y Míguel, pensando que lo querían matar, les asestó un golpe en la cabeza a cada uno con su bastón. Uno de los reclusos gritó de dolor; el otro cayó desmayado. Al oír tal escándalo, los celadores se llevaron a Míguel a la celda de castigo, donde comió el solo y donde estuvo esperando unas horas.
   Ya a la noche, tras haber finalizado el tiempo de castigo, Míguel fue a su celda, donde escondía una cuerda. La recogió y esperó al momento en el que los celadores mandaron ir a cenar. Cuando oyó el aviso por los altavoces, se dirigió al muro Oeste del manicomio. Lanzó su soga por encima del muro, y cuando ésta estuvo bien segura, comenzó a trepar. Pero, debido a su peso, la cuerda se partió a la mitad, y Míguel se chocó contra el duro pavimento. Teniendo en cuenta su edad y que la caída fue desde 3 metros, se rompió cinco costillas y se esquinzó el tobillo. Estuvo varias semanas en la enfermería.

-Esupidertindi, marababayur...
-¡Pero qué dices, Míguel! -le gritó un celador.
-Nada, payaso con alas -le respondió el loco.
   El guardia, desesperado, se marchó y dejó solo a Míguel. Pero el anciano estuvo esperando a que el celador se fuera para intentar fugarse de nuevo. Esta vez cogió un pico de metal, fabricado con cucharas oxidadas y restos de barrotes, y comenzó a picar el muro de su celda, con orientación Este. Al final consiguió abrir un boquete. Él no sabía lo que había detrás, ya que cuando entró en el manicomio lo hizo mediante un furgón blindado. Suponía y esperaba que detrás de las paredes de su celda hubiese una verja, que forzaría sin ningún esfuerzo, pero no: había una rampa empinadísima, que llegaba desde la fosa del manicomio hasta la superficie de ésta. (El manicomio, para los que no lo sepan, se sitúa en una enorme fosa a cientos de kilómetros de profundidad. La única forma de acceder a él es mediante una larga rampa en forma de espiral). Míguel Eustaquio decidió irse a dormir e intentar subirla al día siguiente. Y así lo hizo.
   Despertó temprano, a las 5 de la madrugada. Se vistió con un chándal, cogió su bastón y una boina escocesa y se acercó a la pared de su celda. Pasó cuidadosamente por la abertura que él mismo hiciera el día anterior. Llegó hasta la rampa, respiró hondo y comenzó a subirla lentamente,
Mientras ascendía, iba pensando en todo lo que haría cuando volviera a la capital: comería nachos, viajaría al Caribe, vería las películas de Harry Potter, etc. Con cada paso que daba aumentaba su esperanza. Pero, mientras tanto, comenzó a tener visiones de osos de peluche asesinos, personas con alas y cuadernos en la mano y letras L gigantes.
   A las tres del mediodía llegó hasta el último tramo de la rampa, los últimos diez metros. Deshidratado y hambriento, cansado y dolorido, viejo y sin fuerzas, se desplomó el cuerpo de Míguel Eustaquio sobre la rampa cuando sólo le faltaban dos metros para escapar del manicomio. Estuvo allí tendido varios minutos, agonizando, hasta que murió.
   En el cambio de personal, a la hora siguiente, su cadáver fue descubierto. La autopsia determinó una muerte por paro cardíaco debido al esfuerzo que le supuso subir la rampa.
   Fue enterrado en el patio del manicomio con una placa de mármol en la que decía:


"Aquí yace, muerto, obviamente
Míguel Eustaquio, el de la Paqui,
que murió con el ansia de
fugarse del manicomio
a los 82 años de edad,
cuando ya chocheaba 
y tenía pérdidas de orina."
R.I,P.